A contramano del resto del sector, la fábrica de alfajores Guaymallen planea expandirse porque no da abasto con los pedidos, y produce dos millones de alfajores por día.

Ante la fuerte demanda, la empresa tiene 30 días de atraso en la entrega de pedidos.

Además, invirtió US$ 2 millones y en marzo del 2020 inaugurará una planta para la que contratará 100 trabajadores más, que se suman a los 200 que ya tiene.

En declaraciones al diario BAE, el dueño de la compañía, Hugo Bacilotta, dijo que la clave es “mucho volumen y baja rentabilidad”.

“Logramos una fórmula de precio y calidad que nos permite vender cada alfajor a $9 al público. Siempre aumentamos menos de lo que tenemos que aumentar. Hoy un alfajor es el desayuno, el almuerzo y la cena de muchos”, señaló.

Bacilotta dijo respetar “la política de precios de todos, pero yo le compro a los mismos proveedores a los que les compra el resto de las marcas que venden a $50 y $60 cada alfajor. El dulce de leche que usamos es Vacalín, por ejemplo. La diferencia es nuestra rentabilidad, que ronda entre el 5 o 7%. Cada uno maneja su empresa como quiere“.

Dijo que está “terminando de hacer una planta nueva en la localidad de Carlos Spegazzini, compramos 50.000 metros cuadrados en el polo industrial y ya construimos un galpón de 5.000 metros cuadrados. Están llegando las máquinas del exterior. Todo con fondos genuinos, no nos gustan los créditos. Todo lo reinvertimos”.

La marca fue creada por el suegro de Bacilotta y la presidenta es su mujer, Cristina Fernández.

“Somos una pyme grande, el alfajor es conocido y la marca es muy querible. Se que hay muchas pymes a las que les va muy mal, que me vaya bien a mí, no quiere decir que me ponga contento. Nuestro secreto es trabajar de 10 a 12 horas por día”, dijo.