Sobre el papel, en el guión, todo pintaba bien. Treinta y tres años después de Rocky IVCreed 2 retomaba al personaje de Ivan Drago, el asesino sobre el ring de Apollo Creed, y le redimía de todos sus pecados. Le daba la oportunidad de explicarse, de demostrar que no era el villano que muchos habían dicho que era (a pesar de estrangular a un miembro del aparato soviético al final de la película, consciente de que ha sido un pelele al que han utilizado). El personaje tenía un trasfondo. Y tenía escenas en las que explicarlo. Para entender el odio que se había ido generando dentro de él, no tanto hacia Rocky, sino hacia su país (expulsado), hacia él mismo (por perder) y hacia su esposa (que lo abandonó). Y, al final, además, no sólo se redimía, sino que obtenía el perdón del mismísimo hijo de Apollo Creed, Adonis Creed (interpretado por Michael B. Jordan). El problema es que eso era sobre el papel. Porque empezó el rodaje y había que cortar, ¿y adivina de dónde querían cortar? Del boxeador ruso. Querían quitarle frases, querían quitarle escenas, querían que hablara con los puños, que retomara exactamente al mismo personaje (como si no hubiera evolucionado de ninguna forma en tres décadas). Y para que no pasara eso, había que luchar.

Esto lo sabemos porque nos lo ha contado Dolph Lundgren, el actor que interpretó a Ivan Drago en 1985 y que recupera al personaje en Creed II, la secuela que ha retomado la saga en el cuerpo y vida del hijo de Apollo Creed, Adonis, y que ha servido como despedida para el personaje de Rocky (aunque tenemos serias dudas de que la nueva saga vaya a acabar en esta segunda entrega). De hecho, su primer impulso cuando llegó el guión a sus manos, antes de leerlo, fue de rechazarlo. No quería convertirse, de nuevo en un pelele sin emociones. Aunque ese pelele le ayudara a lanzar su carrera. Como su personaje, Lundgren es un tipo que ha perdido todo y ha sufrido mucho en su vida privada.

La sombra de Ivan Drago llevaba sobrevolando a Lundgren durante tres décadas. Y eso es mucho tiempo. No podía resucitar al personaje, volver a meterse en su piel, de cualquier manera.

“Pensé que me iban a utilizar solo para promocionar la película, como un reclamo. Que a nadie le preocupaba mucho mi interpretación o desarrollar a mi personaje en la película. Pensé que iba a ser como un trofeo. Pensaba que era mucho mejor dejar el personaje en los ochenta, con sus calzones carmesíes. Pero luego leí el guión y hablé con el director y me di cuenta de que era alguien que quería crear un personaje interesante. Que quería decir algo sobre la paternidad, que para mí es algo muy cercano, por motivos personales. Así que decidí hacerlo”, cuenta ahora Lundgren.

Es indudable que el personaje de Ivan Drago lanzó la carrera de Lundgren, que le abrió las puertas al cine de acción (la siguiente película que rodó fue He-Man, para Cannon), pero también le encasilló, le dio al público la idea de que Lundgren era un héroe de acción, incapaz de mostrar las emociones de sus personajes.

El reto en Creed II, para Lundgren, era la posibilidad no sólo de redimir a su personaje, sino también a él como actor. Y sobre el guión todo apuntaba en uno y otro sentido. Y por ese motivo tuvo que defender a su personaje durante el rodaje.

“Tuve que luchar para evitar que cortaran diálogo. Sobre todo diálogo en el que se entiende quién es y lo que quiere el personaje. Si te fijas, a lo largo de la película tiene pocas oportunidades realmente de explicar de dónde viene el personaje. Básicamente, sólo tiene la oportunidad cuando va a buscar a Rocky a su restaurante. Esa escena se reescribió cinco o seis veces. En una de las ocasiones se eliminó diálogo que yo creía que era muy importante. Era lo que explicaba todo lo que le había ocurrido en el pasado para llegar a ese punto. Al principio, iba a ver sido mucho más conflictivo. Pero yo estaba convencido de que Rocky no podía saber por qué estaba allí, no se podía esperar la pelea. Tenía que saberlo por mí. En un momento se cambió y querían que llegaran a las manos. Y yo quería que fuera algo mucho más psicológico. Estuvimos discutiendo Stallone, el director y yo durante más de una hora en el set, repasando todas las notas”, nos cuenta.

“Al final Stallone aceptó la mayor parte de mis comentarios. El director se mantuvo al margen en esta ocasión. No quería involucrarse. Al final fue divertido. Stallone dijo: “Podemos rodar esta p— escena ya””, dice, imitando la voz de Stallone.

Aunque no ganó todas las batallas. “Hay una escena eliminada en la película en la que Adonis me perdona por haber matado a su padre… Esto limpia un acto de violencia a los ojos de la audiencia”, deja caer Lundgren.

Dice esto y pensamos: ¿Entendió la audiencia que el personaje de Ivan Drago no era un villano? ¿Entendió que era un personaje más complejo? ¿Captó la sutileza con la que Lundgren trató de interpretar al personaje? En entrevistas concedidas durante la promoción, en 1985, de Rocky IV, Lundgren explicaba cómo se había esforzado en ofrecer una actuación limpia, sin exagerar, moviéndose en gestos mínimos. ¿Lo entendieron?

“Creo que la audiencia sí entendió que mi personaje era más complejo. Entendía que era producto el sistema soviético. A ver, si alguien agarraba por la garganta a un oficial del Ejército soviético en 1985, nada bueno le podía pasar. Hacer algo así significaba que le iban a enviar a Siberia, que iba a perder todo… Creo que algunos espectadores me odiaron directamente y otros pensaron que era un personaje interesante. Pero sí es cierto que nunca le interpreté como un villano. Además, si te fijas, nunca se ve cómo le pego…”, cuenta el actor sueco.

La redención, entonces, es doble.

“He hecho exactamente lo mismo en mi vida: he herido a mucha gente por la presión que tenía y he pedido perdón, y he sentido que he conseguido redimirme en la vida. Y pensé que también era una buena forma de redimir a mi personaje, que mata a Apollo Creed, un personaje muy querido en la serie”, añade.

Lundgren es capaz de en Creed II de mostrar el daño físico y emocional de su personaje: es un hombre viejo y derrotado, rechazado por su país, por su familia y todo por una pelea que perdió, pero que no debería haber sido tan trascendente. Cuando retomamos ahora al personaje de Ivan Drago, lleva una década entrenando a su hijo, Viktor Drago (interpretado por el boxeador Florian Munteanu, que borda al personaje) para una pelea con la que espera redimir el nombre de la familia: nada menos que Viktor Drago contra Adonis Creed, el hijo del hombre que mató Ivan en el cuadrilátero.

La vida de Dolph Lundgren en cinco minutos

Si has llegado hasta aquí, ya te sabes la historia de Lundgren de pé a pá, de ingeniero en el Massachussets Institute of Technology (MIT) a novio de Grace Jones y aspirante a actor. Su primera oportunidad llegó antes de Rocky IV como secuaz del villano de la peli de James Bond Panorama para matar. Que si se presentó junto con otros 4.000 candidatos al casting de Rocky IV. Que si le desecharon porque era demasiado alto. Que si peleó por el papel. Que jugó la baza de su físico: se hizo una sesión de fotos ataviado como un boxeador profesional. Que se plantó en el parking de la Paramount con un coche alquilado y que buscó a Stallone, que andaba por allí, melena al viento, rodando Rambo II. Y cuando el actor le vio en persona, cambió de opinión y le dio otra oportunidad (no, a la segunda no fue la vencida, en este caso). Claro, no se tiene delante todos los días a “un super-vikingo sobrenatural”, como le definió en su día el creador de Rocky.

Lundgren se tuvo que medir con otros dos candidatos, fornidos y rubios como él. La prueba fue la frase que se utilizaría para el trailer de la película:

Los otros dos aspirantes fueron excesivamente exagerados en su actuación. Lundgren le interpretó piano, piano, implacable, frío. Y se llevó el papel. Era lo que le había aconsejado su profesor de interpretación: pequeños detalles, pocos gestos, todo por dentro. Hacer menos es complicado para un actor. Imagínate para un actor sin experiencia que empieza.

El resto es historia (como la cara de Carl Weathers, que no había ensayado la escena con Lundgren y se lo encontró por primera vez en el rodaje de la escena en la que le dan matarile). La película fue un éxito: 300,5 millones de dólares en todo el mundo (dólares de 1985, ojo). Que si la relación con Grace Jones duró poco (básicamente, un año más, hasta que ella se plantó en una habituación de hotel en Los Angeles con una pistola… y poco más que añadir).

Después de Rocky IV, Lundgren progratonizó una lista de películas de género de gran presupuesto: He-Man (1987), The Punisher (1989) y Enfrentamiento en Little Tokyo (1991), junto con Brandon Lee. Luego pasó a segundo de a bordo en películas como Soldado Universal (1992), junto a Jean-Claude Van Damme, y Jonny Mnemonic (1995). Y de ahí a películas que fueron directamente a VHS o DVD. Empezó a beber. Estaba deprimido. Su matrimonio con Anette Qviberg se resintió.

Y así estuvo hasta que en 2009 Los Mercenarios y el personaje de Gunnar Jensen le recuperaron. Stallone volvía a llamar a su puerta. Stallone reunió a tipos como Jason Statham, Arnold Schwarzenegger, Jet Li y Bruce Willis, y escribió un personaje a la medida de Lundgren: un ingeniero químico y desertor del MIT. Las primeras tres entregas de la saga llevan ya más de 800 millones de dólares. Y después llegó Creed II. Y Aquaman, porque borda el papel como padre de Mera:

 

Fuente: fotogramas.com